Lema de Pastoral

Motivación

Las Hermanas de Cristo Crucificado han sido inspiradas por la vida de nuestras Fundadoras Madre María y Madre Amalia, para mostrarnos cómo actuar en las diferentes circunstancias de la vida. Las Madres estaban tan convencidas por el amor de Cristo  que  embarcaron su vida en tratar de dar amor a cambio de nada.

             Esta fue su única misión asignada. La que a ellas les asignó el Señor fue reproducir el gesto de Cristo en la cruz de perdonar a los que le mataban y pasar la vida haciendo el bien a las gentes de los pueblos y aldeas.

En este afán de configurar sus vidas en Cristo y este Crucificado consumieron su vida nuestras Madres María y Amalia. Como consecuencia de este incasable amor, sintieron la plena felicidad de saberse siempre realizadas por hacer lo que Dios les encomendaba y entonar al final de cada obra, de cada día, de cada paso una consagración siempre humilde “Todo a mayor gloria de Cristo Crucificado“.

             Nosotros como comunidad de Cristo Crucificado queremos trabajar este curso de una forma intensa este precioso legado “Yo soy de Cristo Crucificado“. Este lema que nos acompañará durante este curso escolar sabemos bien que es una insignia de vida reflejada en la vida y el Evangelio de Cristo, que nos llama continuamente al Amor más genuino, aquel Amor que se entrega sin esperar nada.

             Para comenzar recogemos en palabras de la propias Madres:

             Que por amor a Cristo y a nuestra Congregación, sepamos morir cada día y a cada momento a todo, para que sea El, el todo de nuestra vida (M. Amalia)

             El, con su inmensa misericordia nos llamó a la Vida Religiosa y nos dio el más hermoso nombre: Hermanas de Cristo Crucificado. ¿Has pensado, querida hija, lo que nos obliga y lo que tenemos que agradecer al Señor? (M. María)

 

MIRADA Y LLAMADA

¿Si al mirarte clavado en la cruz
me sentí llamada,
cómo puedo de la cruz huir
si vine a buscarla?
¿Cómo puedo quejarme de ti
si en la cruz me clavas,
cuando tú desde ella me dices
mira cómo se ama?
Dame Cristo el morir cada día
en mi cruz clavada
y escuchar al mirarte en la tuya
tu dulce llamada.
Dame Señor que yo viva,
abrazada a tu cruz,
para que cuando me muera
me abraces tú.
Cuando yo no soy nada para el mundo
cuando más aún me veo,
más siento que soy algo para ti,
y más cerca de ti Señor, me siento.

A una nueva novicia, 6-9-1975

 

A LAS HERMANAS DE CRISTO CRUCIFICADO
(a ti, a mí, a ella)

¿Qué te dice el crucifijo cuando de frente le miras?

¿Qué te dicen esos clavos y esa corona de espinas?

¿Qué, ese costado abierto que sangra y agua destila?

Te dicen: “para el amor, no debe existir medida”.
(Madre Amalia 12-4-82)